El sueño en tiempos de Pandemia...

La inédita situación que estamos atravesando a nivel mundial, con las medidas de aislamiento global implementadas en mayor o menor grado prácticamente en todo el planeta, genera en la gran mayoría de las personas mucha angustia y preocupación.

Sobreviene el miedo al contagio, a enfermarnos y vivir una situación estresante y eventualmente peligrosa para nuestra salud, o que ello le ocurra a alguno de nuestros familiares, especialmente a los mayores o a aquellos con alguna enfermedad crónica.

El confinamiento obligatorio a su vez limita y modifica nuestra vida cotidiana, impidiendo en muchos casos la continuidad de las tareas laborales, así como también de muchas actividades recreativas o culturales (actividad física, social, esparcimiento, concurrencia a espectáculos, salidas a comer, encuentros con familiares y amigos, etc.). Sin duda alguna, esta situación afecta nuestra economía y nuestro estado emocional, pudiendo disparar cuadros de angustia, ansiedad, estrés, irritabilidad o incluso depresión.

La convivencia se tensa producto del efecto del confinamiento en cada una de las personas que comparten un techo, potenciando aún más la alteración del estado emocional y la aparición o agravamiento de conflictos interpersonales.

De repente nuestras vidas han cambiado, desde la imposición y el miedo, sin saber muy bien cuándo se va a terminar todo esto y de qué modo lograremos nosotros y nuestros familiares atravesarlo, dejando instalado en lo cotidiano una sensación de incertidumbre y vivenciando esta situación como una verdadera crisis.



En la noche y particularmente en el momento de irnos a dormir, nuestros pensamientos se focalizan en estos aspectos que tanto nos preocupan y angustian y nuestra mente los amplifica, haciéndolos parecer aún más graves. Esta tensión excesiva, en momentos en los que necesitamos precisamente lo contrario, relajarnos y poner la mente en blanco para dormir, nos ocasiona dificultades para conciliar el sueño o incluso, si nos dormimos nos costará alcanzar un sueño profundo, con despertares en la noche o pesadillas. A consecuencia de ello, es muy probable que nos levantemos en la mañana siguiente con la sensación de haber tenido un sueño de mala calidad, no reparador, lo que puede afectar nuestro rendimiento diurno, al ocasionarnos sueño, cansancio, dificultad para concentrarnos e irritabilidad durante el día, potenciando el estrés y la angustia de base.

Por otra parte, la desestructuración de las tareas cotidianas conlleva invariablemente a una desorganización de nuestros horarios y rutinas. Al no estar obligados a levantarnos temprano, resulta tentador quedarnos hasta tarde en la computadora, conectado a redes sociales con el teléfono, mirando series, etc., lo que nos lleva a levantarnos más tarde al día siguiente, perdiendo la coordinación necesaria entre el ciclo descanso-actividad y el de la luz del sol y la oscuridad de la noche. Ello afecta la calidad del sueño y el funcionamiento de determinados procesos fisiológicos. Además, estos cambios de horarios de acostarnos y levantarnos pueden ser difíciles de revertir cuando llegue el momento de que la cuarentena sea levantada y tengamos que retomar nuestra rutina habitual, ocasionándonos insomnio y deterioro aún mayor de la calidad del sueño.

La alteración de nuestra calidad de sueño puede afectar también nuestro sistema inmunológico, herramienta vital de nuestro cuerpo para defendernos de los gérmenes patógenos.


"El secreto de la creatividad está en dormir bien y abrir la mente a las posibilidades infinitas... ¿Qué es un Hombre/Mujer sin sueños?”

Albert Einstein

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